Mía

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Mía es una hembra Labrador Retriever que fue adquirida en el criadero Diana Campo de Madrid, en materia de compra, como animal de terapia y de compañía en febrero de 2012. Desde ese momento –tenía sólo dos meses de edad- es la perra insignia de la Fundación Canis Majoris y realiza trabajos como animal visitante en los diversos centros concertados con que trabaja la institución.

Su selección de criadero, línea, orígenes, ascendencia genética y familia fueron cuidadosamente estudiados. Entre la selección de criterios, se observó que era un animal dócil y sociable, con buenos parámetros clínicos y poca propensión a la enfermedad.

Desde que es un activo de la Fundación, Mía es entrenada -y así seguirá siéndolo durante el resto de su vida- como animal de terapia, después de haber sido socializada a nivel básico.

Desde muy pronto se le adiestró con juegos específicos, se le enseñó a acompañar, a escuchar, a dar cariño y no pedir nada a cambio. Mientras avanzaba este proceso, Mía fue afianzándose como un animal de terapia con estructura fuerte, ágil y activo, con buen carácter e inteligencia, diestra en el aprendizaje, sociable, paciente y amable.

 

El Labrador Retriever

La Fundación Canis Majoris, como promotora de diversas actividades de terapia asistida, es dueña de varios perros de terapia. Sin embargo, para trabajar con este tipo de animales, no se debe olvidar nunca que, ante todo, son animales de compañía y que deben ser cuidados y mimados como tales. El perro forma parte de la unidad terapéutica, y como tal, no debe ser explotado ni utilizado.

El verdadero valor añadido que aportan los perros a un proyecto como éste es que adoptan una actitud afectiva y de gran apego hacia el ser humano y las reacciones que provocan, tanto en sus dueños como en las personas que viven o trabajan diariamente con ellos, son extraordinarias.

El mundo de la TAA está en constante evolución y ya se han comprobado los beneficios para el usuario en las terapias con delfines, caballos, burros y monos. Para realizar labores de terapia, sin embargo, no sirve “cualquier” mascota. En el caso de los perros, deben tener un carácter equilibrado y han de ser capaces de aprender tareas complejas en poco tiempo y con facilidad. Este tipo de animales no pueden distraerse ante ninguna situación y han de estar capacitados para desenvolverse cómodamente en cualquier lugar donde se encuentren sin presentar signos de agresividad. Entre las razas de perros que mejor responden al trabajo terapéutico está el Labrador Retriever, el Golden Retriever y el Pastor Alemán, además de otras razas de pequeño tamaño como el Jack Russell.