Un día de terapia

Las sesiones de terapia asistida con animales que imparte la Fundación Canis Majoris con sus perras y entrenadores tienen una duración media de 50 minutos con grupos de 5 o 6 usuarios. Todos ellos son personas que padecen alguna enfermedad mental. En el trasfondo de cada sesión subyacen dos ideas: que los pacientes aprendan a interactuar verbal, física y emocionalmente con el animal y con otros usuarios, y el bienestar último del perro, que no es un elemento de trabajo, sino un animal de compañía al que cuidar y mimar. Las TAA que imparte la Fundación a un mismo grupo son de cuatro meses a razón de dos sesiones por semana y, por lo general, se desarrollan en centros concertados con la Comunidad de Madrid. En todas las sesiones se cuenta con el apoyo de uno o varios terapeutas del centro que son los que realmente conocen a los pacientes.

Cada sesión comienza con una serie de rutinas que permitan al usuario identificar dicha sesión con una jornada de trabajo para las que son necesarias ciertas obligaciones. Los pacientes aprenden a preparar el agua y los premios que van a darle al perro después de cada ejercicio y ordenan la sala una vez han terminado.

Dentro de las rutinas se incluye el saludo –y la posterior despedida- al perro. Todos los usuarios empiezan, desde el inicio de la sesión, a interactuar con el animal de modo que su desarrollo cognitivo, físico y emocional se vea estimulado. Los entrenadores de la Fundación Canis Majoris aseguran que sólo después de tres o cuatro sesiones, la mayoría de los usuarios presentan mejorías evidentes en su manera de expresarse física y verbalmente no sólo con Mía o Mapa sino también entre ellos mismos.

Cada día de sesión es un poco distinto pero normalmente –salvo algunas excepciones- se hacen ejercicios de educación básica canina (sentarse, tumbarse, alzar las patas delanteras…), se trabaja el aseo del animal, se dan paseos por la calle, se hacen ejercicios de memoria sobre la raza y el adiestramiento del perro o se realizan talleres de emociones. Los usuarios pierden el miedo al perro desde los primeros días, se deshacen de cierta rigidez corporal y desarrollan muy deprisa el lenguaje no verbal porque enseguida comprenden que los perros entienden mejor los comandos y las órdenes expresadas con el cuerpo. Y la respuesta que reciben del animal siempre es la misma: gratitud, alegría y cariño.

Dependiendo del tipo de ejercicio que se realice en cada sesión se trabajan unas capacidades u otras. Al principio son breves para que los usuarios no se cansen ni se sientan frustrados si no consiguen realizarlos correctamente. Sin embargo, a medida que avanzan las terapias, los usuarios aprenden a perseverar en sus empeños y a prolongar la duración de los trabajos. Su mejoría en este sentido es muy evidente. Cuando el ciclo de terapia ha finalizado, cada paciente ha sido capaz de terminar las sesiones habiendo trabajado con el perro diez minutos de modo individual.

Lo único que no se trabaja ni se fuerza son las expresiones y demostraciones de cariño, de manera que el usuario pueda expresar su amor al animal como y cuando quiera.