¿Cómo enseñar la llamada a tu perro?

La llamada es una necesidad, tanto para el tutor como para el perro, ya que aporta seguridad y libertad, básicas para una buena relación y convivencia, además de favorecer el bienestar de ambos. Lo primero será identificar si conoce su nombre y lo asocia a algo positivo, lo detallamos más en el artículo habilidades y trucos.

Debemos tener muy en cuenta que la llamada es un comportamiento aprendido que debemos incorporar a nuestro código de comunicación de una forma positiva, lo detallamos más en el artículo ¿Cómo aprenden los perros?  Nunca lo asociaremos a castigos o regañinas ya que lo convertiría en una actividad desagradable de trabajar y frecuentemente evitada, una vez aprendida.

Algo fundamental para que la llamada sea efectiva es garantizar un buen vínculo, no solo cubriendo las necesidades del perro sino aportándole grandes dosis de afecto y juego, respetuoso y divertido para ambas partes. Comprobaremos que es adecuado agachándonos y motivándole a acercarse a nosotros solo usando su nombre, por ejemplo, incitándole al juego.

 

 

Enseñaremos la llamada usando una única palabra que pronunciaremos alto y claro después de su nombre. Nombrar al perro hará que captemos su atención y una vez que esté atento a nosotros le podremos pedir que acuda, de otra manera es muy posible que el perro esté entretenido con otros estímulos y ni siquiera nos escuche (aunque nos esté oyendo).

Los pasos serán muy sencillos y será de vital importancia no pasar a la siguiente fase sin haber superado la anterior.

La llamada paso a paso

Comenzaremos a trabajar la llamada en un lugar conocido y tranquilo, lo ideal es hacerlo en casa, donde otros olores y estímulos no podrán distraerle. Nos colocaremos delante del perro, diremos su nombre y cuando nos mire diremos la palabra elegida, por ejemplo ¡Aquí! para seguidamente premiarle con algo apetitoso o un juguete y reforzarle con caricias.

El siguiente paso será alejarnos unos pasos del perro y repetir la operación, nombre más llamada y cuando el perro recorra esa distancia le daremos el premio y unos mimos. Según realice el ejercicio con soltura iremos aumentando la distancia e incluso poniendo algún obstáculo que tenga que sortear para llegar a nosotros. A continuación, nos situaremos en otra habitación, y le pediremos que venga cuando el perro no esté atento a nosotros y así aumentar la dificultad.

Con la llamada trabajada en casa habremos conseguido varias cosas, que el perro asocie esa palabra a algo positivo y divertido, que además le proporciona atención y un refuerzo social y sobre todo a estar pendiente de que al nombrarle seguidamente tengamos algo importante que decirle como es que acuda.

Posteriormente empezaremos a trabajar la llamada en la calle, con el perro atado (preferiblemente con una correa larga), durante el paseo diremos su nombre y seguidamente le llamaremos, andando incluso unos pasitos hacia atrás, al llegar premiaremos y acariciaremos. Este trabajo se hará en situaciones con menos a más estímulos progresivamente.

El ejercicio se podrá complicar más, con ayuda de otra persona que sujete al perro, nos alejaremos y llamaremos de manera que la intención de acudir del perro aumente, para finalmente soltarle y que recorra la distancia en el menor tiempo posible sin distraerse.

Nunca soltaremos a un perro que no tenga una llamada firme. También tendremos especial cuidado con perros miedosos, siendo muy recomendable soltarles con una correa larga que facilite cogerles de nuevo si huyeran al asustarse.

¿Por qué mi perro no viene cuando le llamo?

Si has seguido los pasos anteriores y tu perro no acude siempre que le llamas, te explicamos algunos de los motivos posibles:

  • Cuando existe un estímulo con mucho más peso que el acudir a la llamada, por ejemplo: una perra en celo, un juego muy excitante, perseguir a otro animal, comer algo muy apetitoso, etc.
  • Cuando el estado emocional es incompatible con atender a lo que se le solicita. Perros muy asustadizos pueden huir ante un petardo y no acudir porque ni siquiera oyen al tutor.
  • Confundes al perro añadiendo a la llamada otras muchas palabras que no conoce. Es muy frecuente decir el nombre del perro y luego variaciones, por ejemplo: ¡Toby, venga ven corre que es tarde!
  • Si hacemos uso de una llamada mal construida a la que el perro viene solo a veces, convirtiéndola en ineficaz, de nosotros y nuestro trabajo depende que no sea así.
  • El uso repetido de la palabra de manera ineficaz, la convertirá en una señal vacía.
  • Al asociar la llamada a algo negativo, esto pasa muchas veces sin que nos demos cuenta, llamándolo para bañarlo, retirarle de algo que le gusta o interrumpir su juego o descanso.
  • A veces la llamada se convierte en la palabra para el fin del paseo y la libertad. Para evitar esto pedir al perro que venga varias veces durante el paseo, premiarle, atarle y pasados unos segundos volver a soltarle.
  • El perro está demasiado lejos, haciendo muy difícil que acuda ya que nosotros perdemos valencia y la ganan los estímulos que le rodean.
  • Uso de un refuerzo insuficiente. No podemos olvidar que cada vez que el perro viene al llamarle está renunciando a hacer lo que hiciera en ese momento libremente. Por esto le tenemos que reforzar de manera que además de venir por el vínculo le compense lo que le ofrecemos. Usaremos comida muy apetitosa, daremos mucho cariño o mucho juego, adaptándolo a las necesidades y gustos de nuestro perro.

Ahora que ya conocemos algunos de los motivos que le impiden acudir a la llamada y basándonos en nuestra experiencia con nuestro perro, evitaremos estas situaciones o soltarle cuando las preveamos y pueda resultar peligroso. Recuerda que nunca le debemos regañar cuando acuda y de no hacerlo y tener que acercarnos nosotros para atarle, lo ideal es acercarnos y atarle sin más, alejándole de ese estímulo.

Os invitamos a que dediquéis tiempo y esfuerzo a trabajar este comportamiento que os aportará muchas ventajas y ahorrará disgustos.

¡¡¡SALUDOS PERRUNOS!!!

 

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