Entrevista a Gabriela Grech, autora de “Cuaderno Azul”, próxima exposición del Centro de Difusión Cultural Gonzalo Casas Pessino

Entrevistamos a Gabriela Grech, autora de “Cuaderno Azul”, que el próximo día 24 de octubre a las 19:00 horas, inaugura esta exposición de fotografía en las instalaciones del Centro de Difusión Cultural Gonzalo Casas Pessino.

¿Cuáles son sus expectativas al exponer su obra en el Centro de Difusión Cultural Gonzalo Casas Pessino?

Me interesa el hecho exponer en un ámbito diferente al de las galerías porque posibilita el acceso a la obra a otro tipo de público que, muy probablemente, no tenga el hábito de entrar en ellas: la gente acude aquí a seminarios y a otro tipo de actividades de la Fundación que son ajenos al arte y, de pronto, se encuentran con un trabajo colgado en la sala. Me gusta pensar que eso puede estimular su curiosidad por el arte y provocar que, en adelante, se aficionen a frecuentarlas: tengo la sensación de que para algunas personas la galería es un espacio un poco elitista, reservado a cierto público, al que no siempre se deciden a entrar.

La otra vertiente es la posibilidad que esta exposición me brinda de colaborar con la Fundación Canis Majoris, que desarrolla una interesante y muy necesaria labor social, así que estoy muy agradecida por la oportunidad que me han ofrecido de apoyar con mi granito de arena un proyecto digno de toda mi admiración.

¿Cuándo empezó su interés por el arte?

Creo que ese interés nació conmigo, aunque de manera muy inconsciente: de niña dibujaba mucho y pintaba acuarelas; luego fue mi intención estudiar Bellas Artes, pero por distintas circunstancias que no voy a explicar di una larga cambiada, y mi vida transcurrió por derroteros bien diferentes.

Tras una profunda crisis personal, decidí reciclarme profesionalmente como fotógrafa, dado que desde los 7 años he vivido siempre acompañada por diferentes cámaras que se convirtieron en mis mejores aliadas y en mi tesoro más preciado: agarrar mi cámara y concentrarme en aquello que quería captar, olvidándome del resto del mundo, me hacía disfrutar de una manera muy especial, diría yo que un tanto adictiva. Paralelamente, me inscribí en varios talleres creativos que resultaron ser muy estimulantes, porque en ellos tomé conciencia de que eso era lo que realmente quería hacer en la vida: tardé más de 30 años en decidirme, pero definitivamente fue un acierto apostar por la fotografía.

¿Qué es lo que quiere transmitir con esta obra?

Este trabajo es un diario visual de aquella manera, porque en Madrid apenas hacía fotos. Para ser más precisa, son apuntes fotográficos que tomaba en mis viajes, luces y espacios que me llamaban la atención y que casi siempre eran los mismos… paisajes vacíos, un reflejo o una sombra, la fuga de una escalera o de un pasillo, una silla solitaria, un árbol perdido en medio de un páramo, la hora bruja: eran tan reiterativos los motivos que sistemáticamente captaban mi atención que, en el fondo, lo considero más un autorretrato que un diario de viajes, que es lo que parece a primera vista.

Quizás no sea un autorretrato perfecto, pero sí al menos la expresión fiel de una de mis dos caras. Tengo una personalidad un tanto bipolar, dicho esto en sentido metafórico: tanto es así, que simultáneamente a este proyecto estaba realizando otro, AGUA, que se encuentra en las antípodas… pero ambos forman parte de mi ser, en el que conviven en yin y el yang, aunque sospecho que de manera no demasiado armoniosa.

Respecto a qué quiero transmitir, a priori posiblemente nada: con esto quiero decir que no tenía ninguna idea preconcebida antes de iniciarlo. Funciono muy emocional e intuitivamente, también bastante a impulsos, así que mis fotos surgen más de una necesidad que de una intención: es un resorte interior el que me impele a tomarlas. Una vez con los resultados sobre la mesa es cuando, por fin, me detengo a analizar qué y por qué, para entenderme, para ordenarme.

¿En qué se inspiró para crear CUADERNO AZUL?

Bueno, esto está casi contestado en el párrafo anterior: no tenía un planteamiento previo, soy muy poco conceptual trabajando, más bien me dejo llevar por lo que emerge desde el interior, por los estímulos visuales, por mis impulsos y sentimientos. Una frase muy mía, que explica mi manera fotografiar, es exclamar de pronto: ¡Ay, espera, que acabo de ver una foto! Agarro la cámara (ahora, el móvil) y dejo al otro colgado.

Sí reconozco muy claramente la influencia de otros fotógrafos que, cuando me inicié en este mundo, trabajaban ya en esta línea del diario visual, con una estética muy determinada que está presente en mis imágenes, entre ellos Bernard Plossu y Manolo Sonseca, por no extenderme más.

¿Cómo definiría su obra?

Pues mira, en esto voy a ser bastante breve por eso de cambiar de tercio: mi trabajo es muy autorreferencial e introspectivo, no importa que visualmente parezca remitir a otros ámbitos: todo está muy centrado en mí, en mi ubicación en el mundo, en cómo me posiciono frente a unas cuestiones o frente a otras. Quizás porque la fotografía tiene mucho de herramienta terapéutica, sanadora, para mí y para muchos otros fotógrafos. A mí me ha ayudado a encontrarme, a entenderme y, hasta cierto punto, a reconciliarme conmigo misma.

 

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