Entrevistamos a Belén López Peso, Coordinadora del Área de Igualdad y Género de INTRESS

Entrevistamos a Belén López-Peso, Psicóloga y Criminóloga experta en género, con más de 15 años de desarrollo de proyectos de atención a las violencias machistas, actualmente trabaja como Coordinadora del Área de Igualdad y Genero de INTRESS.

Esta es la primera de las entrevistas que publicaremos en conmemoración al Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

¿Cuáles son las principales necesidades que presentan las mujeres que han sufrido violencia o maltrato cualquiera que sea el tipo, tanto en los momentos iniciales como posteriores tras haber sufrido una agresión?

Entiendo que se refieren a la violencia machista en el ámbito de las relaciones de pareja, porque como sabéis existen otras manifestaciones de las violencias machistas como las agresiones sexuales, trata con fines de explotación sexual, mutilación genital, etc.

Centrándonos en el ámbito de las relaciones de pareja, no existe una única historia de maltrato, cada historia es única. Cada escenario es diferente, cada mujer tiene sus propias vivencias y cada una actúa en función de su propia realidad. Pero, aunque son diversas las preocupaciones de las mujeres que han sido agredidas por sus parejas o exparejas, cabe destacar algunas cuestiones que tienen una relevancia especial tanto en el proceso inicial como en la superación del maltrato y el futuro de estas mujeres.

En el año 2014, en INTRESS hicimos un estudio para conocer cuales eran las necesidades, expectativas y valoración de la atención que reciben una vez acceden a servicios especializados. En este estudio, se puso de manifiesto que, en un primer momento, las mujeres no tienen unas claras expectativas y tampoco son del todo conscientes del proceso que han estado viviendo y que ha desembocado con su presencia en uno de estos servicios. Tras la ruptura, comienza un duro proceso del que nunca fueron conscientes y que se enmarca dentro de un momento emocionalmente inestable, difuso y muchas veces contradictorio. Es un momento en el que algunas abandonan su domicilio o su entorno más cercano, por lo que se produce un desarraigo: cambio de vivienda, de municipio o de provincia. A esto se añade la necesidad inmediata de encontrar vivienda, trabajo o un nuevo colegio para las y los menores.

Al inicio suele predominar un cierto aturdimiento y perplejidad tras la situación de crisis vivida, a la que se añade un desconocimiento sobre lo que pueden esperar.

En sus relatos se evidenciaba que esos son momentos de auténtica “crisis” en los que la vida “se pone para arriba” por lo que tras el esfuerzo realizado para romper su situación y finalmente denunciar, se quedan con una sensación mental que se podría considerar de bloqueo y aturdimiento por lo que las necesidades mayores que planteaban en este primer momento son de “protección” y de “comprensión” de lo sucedido y de “apoyo ante su decisión”.

Una vez pasado este primer momento, la duración del cual depende de cada mujer y su situación particular, empieza la fase más intensa y más larga; la de reconstrucción de sus vivencias, de sus vidas y de solución de sus problemas y donde sus necesidades se centran en cuestiones más concretas como:

  • Independencia económica, Los problemas económicos y la vinculación económica con el agresor durante la relación de maltrato les lleva al empobrecimiento económico que en muchos casos llega a límites de dependencia extrema. La mayoría de las mujeres transmite que se ha empobrecido tras la ruptura de la relación violencia. Por ello la intervención social, es crucial en la búsqueda de ayudas y recursos ante sus dificultades ya sea para ellas o para sus hijas e hijos. La formación laboral que les capacita y ayuda a la hora de conseguir trabajo, etc.

  • Acceso a una vivienda propia donde poder desarrollar su vida en libertad y sin las amenazas del agresor.

  • El bienestar de sus hijas e hijos: En el caso de las mujeres con hijos e hijas, sobre todo cuando se trata de menores de edad, la preocupación por cómo hayan podido vivir la historia de maltrato y cómo les afectan las distintas circunstancias, la conducta del agresor con sus hijos e hijas, o si las y los menores deberían ver o no a su padre son cuestiones realmente angustiosas.

  • Atención psicológica para cubrir la necesidad de reconstrucción de sus vidas donde se vaya destejiendo los entramados más profundos de las secuelas del maltrato; los sentimientos, las creencias, los temores, la angustia, la culpabilidad… y les vaya capacitando a enfrentarse con su situación, con ellas mismas y con su futuro. Les ayuda a ir abriendo un camino hacia una vida nueva.

  • Apoyo Social e institucional. En ocasiones, las mujeres se sienten doblemente victimizadas: por el agresor y por la sociedad en su conjunto. Esta segunda victimización se produce cuando el entorno no entiende su situación, las culpabiliza por no haber salido antes del maltrato o las juzga. Existe una incomprensión social sobre las situaciones de maltrato que permite juicios morales hacia las mujeres.

Muchas mujeres señalan que la agresión psicológica a la que han sido sometidas es mucho más dañina que la física. ¿En qué consiste habitualmente este tipo de agresiones psicológicas? ¿Cuáles son las consecuencias que tiene este tipo de violencia para la mujer?

No existe violencia de género sin agresión psicológica, las agresiones físicas y/o sexuales e incluso las económicas siempre producen alguna consecuencia, padecimiento, huella, daño o lesión psicológica. Por tanto, la violencia psicológica aparece siempre ligada a situaciones de maltrato, siendo, sin embargo, más difícil de identificar y valorar que la violencia física o sexual.

Desvalorar, ignorar, atemorizar con gestos velados, actitudes, avisos o palabras-clave, el aislamiento Social, abuso verbal, intimidaciones, amenazas, abusos emocionales, negación, culpabilización, acosos, etc, son algunas de las formas en las que se manifiesta la violencia psicológica.

La violencia psicológica es el soporte esencial que utiliza el maltratador para conseguir el control total sobre la mujer, minando su autoestima mediante un progresivo y lento proceso de adaptación paradójica a la situación de maltrato, demostrándole su poder y autoridad y produciéndole una permanente situación de indefensión aprendida, que propicia que la mujer valore la necesidad de permanecer sumisa e inmóvil frente al agresor, como única forma de escapar al castigo.

En este nivel las secuelas son mucho más profundas. La primera manifestación es la baja autoestima, además es frecuente la experimentación de sentimientos de culpa e indefensión acompañados por niveles elevados de estrés crónico y ansiedad, que en muchas ocasiones son causantes de las secuelas físicas. Por otro lado, tiene efectos nocivos sobre la salud psíquica entre los que destacan el trastorno de Estrés Postraumático Complejo, el Síndrome de la Mujer Maltratada, trastornos depresivos o de ansiedad.

A pesar del creciente reconocimiento social del problema de la violencia de género, es común que muchas mujeres tengan dificultades para romper su relación con el agresor, ¿qué factores o circunstancias facilitan el mantenimiento de este tipo de relaciones?

Definir un fenómeno tan complejo resulta complicado y exige un análisis en profundidad. Hay que huir de explicaciones reduccionistas que consideran que son las características psicológicas de las mujeres y de los agresores la causa de este tipo de violencia, puesto que reducirlo a un único factor explicativo, resulta insuficiente y únicamente se consigue un acercamiento simplista y parcial a esta problemática. Además de que buscar el origen de esta violencia en la mujer, supone, en gran medida, justificarlo y culpabilizarla. Se trata de un fenómeno multicausal en el que intervienen no sólo factores individuales, sino también sociales, culturales y de la propia relación de pareja.

El contexto Sociocultural que hace referencia a los valores y normas compartidos por una persona que forma parte de una familia integrada en una comunidad y cultura determinada. En este contexto hay dos factores que nos interesan para la comprensión de la Violencia Machista: la aceptación de la violencia y el lugar de la mujer con respecto al hombre: el sistema heteropatriarcal. Son relevantes las formas en que se conciben y practican los roles, estereotipos, relaciones y jerarquías de género entre mujeres y hombres, tanto en las familias como en el círculo de amistades. Como modelos de identidad, el patriarcado y el machismo pautan comportamientos, expectativas y códigos altamente sexistas y discriminatorios para las mujeres.

En este contexto sociocultural es muy importante entender que el abandono de la relación de pareja violenta es una decisión que resulta a las mujeres muy difícil y muy compleja de tomar. Sumado al contexto sociocultural existen una serie de factores personales y circunstanciales que deben tenerse en cuenta a la hora de intentar comprender el porqué de la permanencia de las mujeres con sus agresores.

En primer lugar, el factor emocional o, en otras palabras, la dependencia emocional desarrollada entre la mujer y su maltratador. El maltratador desarrolla una serie de estrategias cuya finalidad es perpetuar el control y el poder sobre la mujer, que generan un progresivo estado de confusión de emociones, distorsión de pensamientos y paralización que dificultan que la mujer abandone la relación establecida por el maltratador.

Así mismo, las repercusiones psicopatológicas que el maltrato ejercido produce en las mujeres es tan intenso, variado e importante que en menor o mayor intensidad, determinarán la percepción que la mujer tenga de sí misma, y por tanto de sus alternativas y capacidades fuera de la relación actual. De esta forma, cualquier afectación psicopatológica que el maltrato haya producido en la víctima es en sí misma un factor de riesgo potencial para que la mujer continúe el compromiso en su relación.

¿Cuáles son los componentes básicos que debe contemplar un programa de atención a mujeres víctimas de violencia de género?

En Intress llevamos más de 20 años en la atención a mujeres sobrevivientes, lo cual nos ha permito concluir que el principal componente que debe contemplar un programa de atención a mujeres victimas de violencias machistas es la perspectiva feminista, y formación especializada en Violencias de Machistas de las y los profesionales.

Un segundo elemento es poder garantizar un acompañamiento personalizado e individualizado en el que el centro sea la propia mujer, y sea ella la que decida sus objetivos y metas personales y la forma de alcanzarlos, respetando los tiempos y el momento de cada una de ellas.

Para ello es necesario garantizar que las mujeres cuenten con toda la información necesaria tanto relacionada con la denuncia y procesos judiciales como sobre la situación que ha vivido y los recursos y ayudas existentes.

Y, por supuesto, garantizar una intervención integral.

¿Qué aspectos quedan por cubrir o deben mejorar las administraciones públicas y privadas para mejorar la atención que reciben las mujeres que sufren violencia de género?

Buena pregunta… Es cierto que se ha avanzado mucho en la atención que reciben las mujeres y los compromisos adquiridos por las administraciones, pero todavía quedan cuestiones importantes por resolver. Entre ellas, dedicar una atención de mayor intensidad a los colectivos de mujeres en situaciones especialmente vulnerables: mujeres con discapacidad, mujeres mayores, etc.

Mejorar la atención a las hijas e hijos de las mujeres que han vivido una situación de maltrato, y no sólo cuando son menores sino también una vez llegan a la edad adulta, puesto que en ocasiones las mujeres rompen la relación cuando ya son mayores de edad, pero eso no significa que esos hijos e hijas ya no sean victimas y necesiten una atención especializada.

Facilitar mayores apoyos para que las mujeres puedan romper las relaciones y salir delante de manera autónoma, sobretodo en lo referente a la vivienda.

Las medidas de protección a las víctimas son necesarias pero injustas, en el sentido de que son necesarias para preservar su seguridad, pero, al mismo tiempo, las mujeres se convierten en cautivas de su propia protección, sería más justo que, desde el ámbito judicial, centrasen el foco de control también en el agresor, que fuera él el vigilado, controlado o seguido, que fuera él quien tuviera que dar cuenta de cada uno de sus pasos.

Pero sobretodo, la manera correcta de abordar la violencia de género es la prevención a través de la educación y la socialización. La violencia de género se produce cuando se interiorizan los estereotipos de género y son llevados al extremo, hasta el punto que en esa concepción de la realidad la mujer está tan sometida al hombre que deja de ser persona y se convierte en un objeto que está a su servicio. Por ello es importante la educación en valores que podemos proporcionar a las niñas y a los niños, ya sea en el seno de la familia o en los centros educativos, siempre orientada hacia el respeto en igualdad.

Es cierto, que con el Pacto de Estado se abre una oportunidad de poder avanzar y mejorar en la atención a las mujeres.

 

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