Problemas postcuarentena: El hiperapego de tu perro

En seminarios anteriores hemos ofrecido consejos sobre cómo pasar esta etapa de confinamiento de manera más agradable y amena para nuestros perros, sin embargo, no podemos invisibilizar los problemas que este tiempo extraño traerán o están provocando ya en la relación que tenemos con nuestros canes o en su comportamiento.

Hemos visto qué recomendaciones ofrecemos para aumentar su estimulación en estas circunstancias, fabricado juegos de diferentes características para ellos, aprendido cómo fomentar el uso de su sentido principal (el olfato) y hasta cómo realizar masajes relajantes y agradables para ellos y también para nosotros, pero… ¿Qué pasará cuando todo vuelva a la normalidad y ya no tengamos todo ese tiempo para dedicarles? ¿Cuándo vuelvan a pasar horas y horas solos en casa? ¿Cuándo vuelvan a cruzarse con personas o perros en el caso de perros con hiperreactividad a ellos?

Debemos prepararnos desde este momento para esa vuelta a la normalidad, no solo eso, sino también evitar formas de apego poco saludables que ya se están desarrollando en nuestros compañeros, comenzando a presentar problemas que antes no tenían.

El apego es el lazo emocional que nos une y este puede ser beneficioso o perjudicial para nuestra relación. No sólo se desarrolla apego entre seres vivos, sino que también pueden desarrollar apego hacia un objeto inanimado. Existen perros que tienen un apego seguro hacia sus referentes, es decir, estos suponen una base segura en momentos de malestar, miedo o incertidumbre, pero su ausencia no deriva siempre en malestar o angustia, aunque su vuelta sea bien recibida. Las personas y perros que desarrollan este tipo de vínculo promueven la seguridad y el crecimiento de ambas partes. Por otro lado, existen otros tipos de apego que no son tan adaptativos y que generan malestar emocional en el perro en ausencia del referente humano (provocando en muchas ocasiones conductas destructivas, eliminaciones en forma de orinas y heces, ladridos excesivos…); también apegos evitativos, en los que el referente humano no ha constituido una base segura para el perro y a menudo se convierte en una fuente de castigos y recompensas poco consistentes, dando lugar a un perro que emite pocas conductas, indefenso.

En estos días en los que pasamos más tiempo del habitual con nuestro perro resulta crucial mantener su espacio y respetarlo. No molestarle cuando esté descansando, promover juegos individuales que le entretengan solo, en definitiva, tratar de que nuestra presencia no sea tan notable para que cuando llegue el momento de nuestra ausencia esta tampoco lo sea. Si tu perro ha empezado a seguirte por casa quizá sea porque esté aburrido, pero debemos promover su independencia para que su fuente de entretenimiento no dependa en exclusiva de nosotros, aunque en estos momentos somos unos de los estímulos más relevantes que tienen en el entorno.

Por otro lado, hemos visto cómo desarrollar medidas para que, en ausencia de la actividad física del paseo y de la estimulación que encuentran en el exterior, poder enriquecer el entorno y complejizarlo para que resulte de mayor interés para ellos. Es importante que estos juegos y retos nuevos que les planteamos sean para COMPENSAR la falta de estimulación, pero sin llegar a SOBREESTIMULARLES o SOBREEXCITARLES. Recordemos que, cuando volvamos a pasar mucho tiempo fuera de casa, el perro se va a ver sin esa cantidad de retos que quizá en estos momentos les podamos estar planteando. Es sano guardar un equilibrio entre atender sus demandas cuando están aburridos proponiéndoles juegos y dejando que en ocasiones lidien con la frustración del aburrimiento, habituándoles al futuro en el que volverán a pasar tiempo solos.

Las personas que conviváis con perros miedosos o con hiperreactividad a estímulos exteriores quizá estéis pasando por una “luna de miel” en los paseos: si vuestro perro tenía miedo de los ruidos de los coches, ambulancias, el bullicio de la calle, etc. seguramente se muestre mucho más tranquilo cuando sale. Es importante que seamos conscientes de que esta situación es TEMPORAL y que todas esas cosas que le daban miedo volverán, probablemente cuando el perro pensara que ya se había librado de ellas, provocando que sea más sensible aún. Debemos estar preparados para eso e intentar paliar, en la medida de lo posible, la hipersensibilización a esos estímulos. Para ello podemos premiarles cada vez que, en el paseo, se encuentren con alguno de esos estímulos que les provocan miedo con el objetivo de que se habitúen a su presencia y los normalicen.

Un caso parecido es de los perros que presentan una hiperreactividad en forma de ladridos, agresividad o miedos a otras personas o perros. En este momento ningún perro ni persona se está aproximando al nuestro, y aunque nosotros sepamos que esta situación no durará para siempre nuestro perro no es consciente de ello. Podemos aplicar la misma medida que en el caso de los perros con miedos y, sobre todo, estar preparados para un repunte en ese problema cuando volvamos a la situación pasada.

En el caso de los cachorros a los que les correspondían sus primeros paseos, tan importantes para su correcta socialización, debemos estar preparados para las posibles secuelas que esta falta de socialización temprana pueda tener en ellos. Aunque no podamos acercarnos a otros perros o personas sí puede hacer contacto visual con ellos y de esta manera incorporar esos estímulos visuales a su repertorio ambiental normalizado. No sólo pueden verlos, sino que también es bueno dejar que olfateen el rastro de otros perros o personas.

Para realizar una vuelta progresiva a su rutina anterior podemos ir dejándoles cada vez más tiempo sin interacción, a medida que pasan los días en las horas en las que ellos normalmente estarían solos. También retomarla rutina de comidas y paseos de forma gradual.

Por último, cabe destacar la importancia que tienen las rutinas para un animal como el perro. Tener una rutina sólida de tiempo de paseos, juegos, alimentación, interacción y sueño añade previsibilidad a su entorno y sensación de control. Seguramente en este tiempo esa rutina se haya visto modificada, pero debemos procurar que se asemeje lo máximo posible a la rutina que retomarán cuando el confinamiento acabe. Este consejo lo queremos trasladar también a las personas que convivan con perros ancianos, ya que en su caso las rutinas cobran una vital importancia.

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